Cuando nos referimos a Odebrecht lamentablemente para nuestra sociedad, lo que se nos viene a la mente son palabras como: soborno, robo y en general corrupción, lo cual tristemente en nuestro país ya parece una moda, y es que no se ha aclarado un caso de corrupción cuando aparece uno nuevo.
Los hombres son cada vez más egoístas, avaros, amantes de su propio bienestar y desechadores de toda posibilidad de progreso y bien común, además en países como Colombia, la manera como esta está legislada y las personas encargadas de poner en practica estas leyes, se rigen en su mayoría por estos conceptos antiéticos y antimorales, lo cual esta llevando a nuestra sociedad a aumentar la brecha socioeconómica existente y la inequidad persistente.
Estas leyes son hechas por unos pocos para su propia conveniencia sin permitir la participación directa del pueblo en estas decisiones y es que al pueblo se le permite elegir a sus dirigentes políticos, pero no se le permite tomar partido en las decisiones que lo afectan.
Las acciones tomadas dentro de las negociaciones con la multinacional Odebrecht son una clara muestra de que un hombre sin vigilancia apropiada en una posición de tanta responsabilidad como lo es manejar los dineros de nuestro país que sale de nuestros bolsillos, para invertir en nuestra propia infraestructura puede ser presa de su propio egoísmo y avaricia y terminar delinquiendo de la manera como lo hicieron los actores de este caso. Esto se da por que dentro de ellos hay un deseo incontrolable de tener riquezas y poder sin  importar la manera como lo logren.
Ahora bien si reconocemos que como humanos existe la posibilidad, por muy correctos que nos consideremos de ceder a tales tentaciones, ¿ Por que no legislar de manera mas rigurosa? Pues sencillo, en el argot popular existen dichos que dicen: ¨come tu y déjame comer¨ y ¨ entre bomberos no se pisan la manguera¨, para lo cual se da el caso de que una legislación y vigilancia rigurosas, no permitirían o disminuirían la posibilidad de que otros realicen actos contra la nación, pero a ellos tampoco se los permitiría, o sea que estarían legislando en contra de sus propios intereses.
Entonces para reducir los casos de corrupción en nuestro país, básicamente se debería permitir de manera consistente la participación deliberativa del pueblo y volver a los principios éticos básicos como: el respeto, la justicia, la equidad y el bien común, lo cual aumentaría los momentos de felicidad individual y en sumatoria daría una sensación de felicidad común o social.
 

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